Domingo de microrrelatos científicos: El tiempo de Sofia

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Sofia

Después de un tiempo apartada de mi horizonte de sucesos por motivos terrenales que han ocupado mi tiempo, vuelvo a las andadas con un Domingo de Microrrelatos Científicos, publicado un lunes y con el cuádruple de palabras. Pero por un buen motivo, unirme a la iniciativa de @divagacionistas de promover la escritura.

Este mes el relato a escribir debía ser una reflexión sobre el paso del tiempo. Y en mi cabeza no puedo pensar en el tiempo sin asociarlo con el espacio, y no puedo pensar en escribir un relato que no sea de ciencia ficción. Y no puedo negar que la idea de este relato está inspirada en una historia que vi y leí recientemente, los que la hayáis visto y/o leído ya sabéis a qué me refiero. Prefiero no dar más detalles al respecto para que nadie se sienta espoileado. Una vez elegido el eje temporal, ya sólo me quedaba la historia qué contar y ahí apareció Sofia Kovalevskaya. El día 15 de enero, día de su nacimiento, leí su historia en Las mujeres de la Luna y me marcó tanto, que llegado el momento de elegir protagonista… Pues eso, la historia ya estaba escrita. Espero que os guste;)

El tiempo de Sofia

Di lo que sabes, haz lo que debes, pase lo que pase. Porque tu tiempo es el que es y vas a vivirlo para siempre. Mi nombre es Sofia. No sé en qué momento exacto adquirí este conocimiento, porque desde que las líneas se desdibujaron no puedo verlas, puede incluso que fuese así desde que nací. El caso es que puedo pasearme por mi eje de vida, un eje de 41 años, como si fuese un pasillo que tiene un principio y un final. Y las matemáticas son mi camino, ellas lo crean y le dan sentido. Hay premios, logros, reconocimientos, aplausos, pero no tengo tanto mérito, lo logré porque sabía que iba conseguirlo. La verdadera recompensa es poder usarlas de brújula.

Recuerdo las paredes de mi habitación, allá por el principio, la textura de esas ecuaciones que las empapelan. Mis padres no entienden mi fascinación, pero yo ya las amo. Y las estudio sabiendo que las entenderé, sabiendo que me guiarán. Pero lo que de verdad sigue dando calor, sigue perturbando o doliendo, son las personas. Da igual que puedas revisitarlas cuando ya no están, porque sabes cuándo dejarán de estarlo. No importa que vivas los momentos felices, porque volverás a los momentos malos para torturarte. Pero no todo es malo.

Me gusta ir a ese momento en que cojo a Fufa por primera vez, aunque yo estoy dolorida y sedienta, su cuerpo es tan frágil y cálido, que sigo temblando al notarlo. No puedo evitar adorar a mis queridos Weierstrass y Gösta, son los mejores amigos que se puedan tener, sin ellos este camino sería distinto, ellos hacen que en este mundo yo no sea una abominación. Y está Vladimir, ese muchacho sencillo, cariñoso y triste. Me cuesta revivir los primeros años de nuestro matrimonio de conveniencia, cuando me voy dando cuenta que lo quiero, las discusiones en las que ninguno quiere reconocer su frustración. Pero el momento en que nos miramos el uno al otro y decidimos en silencio que nuestro matrimonio es real todavía me hace estremecer, y sé que me dejará, del todo, que acabará con su vida, y mientras me besa me rompe el corazón. Paso a hurtadillas por su muerte y por la de mi querida Aniuta, al final del pasillo todo parece más triste. Así que vuelvo a las paredes del principio, empapeladas de sueños.

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