Domingo de microrrelatos científicos: Relatividad Onírica

Otro microrrelato de domingo que se publica en lunes para unirme a @Divagacionistas. El tema de febrero son los trenes así que he adaptado este microrrelato que escribí hace algunos años y que ya tenía ganas de publicar.

Relatividad Onírica

He salido tarde de trabajar. Como siempre. La estación está vacía. No me gusta esperar sola con esta oscuridad. Pero el tren no tarda en pasar más de dos minutos. Me siento en el último vagón. Saco el libro electrónico e intento seguir leyendo sobre los agujeros negros de Hawking, pero hoy mi cerebro está demasiado cansado, así que decido releer “Un metropolitano llamado Moebius”. Antes de que desaparezca el tren 86, ya he cerrado los ojos. El vaivén y el silencio.

¿Silencio? Hay demasiado silencio. Me despierto sobresaltada. Tengo la sensación de estar en el 86, de haber entrado con él en otra dimensión. La luz es más tenue. El tren va muy deprisa. Me giro y me doy cuenta que no hay nadie. Toda la gente que viajaba conmigo hace un segundo se ha ido, volatilizado. Al fondo hay alguien. Un chico me mira. Lleva una sudadera con la capucha puesta. Le hace sombra en la cara y sólo puedo verle los ojos, que brillan con el azul de ultramar. Me están mirando. Me da miedo. Pero no hay nadie más, así que voy hacia él. A mi alrededor están todas las cosas de la gente que ha desaparecido. Mochilas, abrigos, paraguas. No consigo avanzar. Así que acelero. Pero los ojos azules siempre parecen estar a la misma distancia. Echo a correr. Sigo sin avanzar. Es como si el vagón creciera conforme yo aumento el ritmo, pero eso no puede ser… ¿O sí? Por las ventanillas no se ve nada, el tren va demasiado deprisa. Y por fin lo entiendo: viajamos a la velocidad de la luz, y nunca podré superarla, nunca podré recorrer el espacio que me separa de los extraños ojos azules. Así que me detengo. Alzo la vista. Los ojos de ultramar me miran acusadores.

Abro los ojos sobresaltada. Ya no hay ojos de ultramar a mi alrededor, sólo ojos cansados después de un día largo.

 Observaciones:

Un tren no podría ponerse nunca a la velocidad de la luz, es sólo un sueño, de hecho ninguna partícula con masa puede hacerlo.

Nuestra protagonista deduce que está viajando a la velocidad de la luz gracias a sus conocimientos básicos de la relatividad de Einstein. Ella, al igual que todo lo que contiene el tren, está viajando a la velocidad de la luz, si corre dentro del vagón en la misma dirección, su velocidad absoluta sería mayor que la de la luz, y eso no puede ser, el espacio-tiempo conspira para que esto no ocurra por lo que el espacio se estira como si fuera elástico.

P.D.: Si he violado alguna ley de la física, ¡avisadme!

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